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sábado, 13 de febrero de 2010

Plusvalia y capitalismo

Es importante no confundir la producción de mercancías en general con el capitalismo, aunque éste implica la producción de mercancías, la producción de éstas no implica necesariamente capitalismo.

EL CAPITALISMO
Bajo la producción simple de mercancías, a la que mayormente hasta ahora, hemos limitado nuestra atención, cada productor posee y trabaja con sus propios medios de producción; bajo el capitalismo la propiedad de los medios de producción corresponde a un conjunto de individuos, mientras que otro realiza el trabajo. Además, tanto los medios de producción como la fuerza de trabajo, son mercancías; es decir, unos y otra son objetos de cambio. Se sigue que no sólo las relaciones entre propietarios, sino también las relaciones entre propietarios y no propietarios tienen el carácter de relaciones de cambio. Lo primero es característico de la producción de mercancías en general, lo segundo, del capitalismo solamente. Podemos decir, por lo tanto, que la compra y venta de la fuerza de trabajo es la differentia specifica del capitalismo.
En la producción simple de mercancías el productor empieza con Mercancías, las convierte en Dinero, y de ahí, una vez más, en Mercancías. Bajo el capitalismo, el capitalista se presenta en el mercado con Dinero, compra Mercancías y entonces, después de cumplido un proceso de producción, vuelve al mercado con un producto que convierte una vez más en Dinero.

EL PRODUCTOR vs EL CAPITALISTA

EL ORIGEN DE LA PLUSVALÍA Puesto que la fuerza de trabajo es una mercancía, debe tener un valor como cualquier otra mercancía. Pero… ¿Cómo determinar ese valor de esta mercancía peculiar? El valor de la fuerza de trabajo se reduce al valor de una cantidad más o menos precisa de mercancías ordinarias.
Si pasamos al análisis de la plusvalía: El capitalista llega al mercado con dinero y compra maquinaria, materiales y fuerza de trabajo. Los combina después en un proceso de producción del que resulta un volumen de mercancías que son lanzadas nuevamente al mercado. Marx supone que el capitalista compra lo que compra a sus valores de equilibrio y vende lo que vende a su valor de equilibrio. Y sin embargo, al final tiene más dinero que cuando comenzó. En algún punto del proceso se ha creado más valor o plusvalía.
Con su trabajo de un día el trabajador produce más que los medios de subsistencia de un día. En consecuencia, la jornada de trabajo puede dividirse en dos partes, trabajo necesario y trabajo excedente. Bajo las condiciones de la producción capitalista el producto del trabajo necesario va a poder del obrero en forma de salario, mientras que el capitalista se apropia el producto del trabajo excedente en la forma de plusvalía.

LOS COMPONENETES DEL VALOR El valor de cualquier mercancía producida en las condiciones del capitalismo se puede dividir en tres partes:
  • La primera representa el valor de los materiales y la maquinaria usados, se le llama capital constante y se representa simbólicamente con la letra c
  • La segunda parte, la que restituye el valor de la fuerza de trabajo, sufre en cierto sentido una alteración de su valor, ya que reproduce el equivalente de su propio valor y produce, además, un excedente, una plusvalía, que puede variar, que puede estar más o menos de acuerdo con las circunstancias. Se llama capital variable y se representa con la letra vc. La tercera parte es la plusvalía misma que se designa con la letra pFÓRMULA
Esta fórmula, además puede extenderse y cubrir la producción total durante cierto período, de una empresa o de cualquier grupo de empresas, llegando hasta incluir toda la economía.

LA TASA DE GANANCIA Para el capitalista la proporción crucial es la tasa de la ganancia, o en otras palabras, la proporción de la plusvalía con respecto al desembolso total del capital. Llamaremos a éste g
Es preciso indicar algunas cosas con respecto a esta proporción:
  • En primero lugar, identificando directamente la plusvalía con la ganancia suponemos que no hay que pagar ninguna porción de la plusvalía al propietario en la forma de renta.
  • La fórmula muestra la tasa de ganancia sobre el capital realmente empleado en la producción de una mercancía dada.
En cuanto a los factores que determinan la tasa de la ganancia, es fácil demostrar que son idénticos a los factores que determinan la tasa de la plusvalía y la composición orgánica del capital.

Es por lo tanto inevitable la conclusión de que en el mundo real de la producción capitalista, la ley del valor no ejerce un control directo. De ningún modo se justifica que la teoría del valor debe ser desechada, buscándose una nueva base para analizar el funcionamiento del sistema capitalista. Es perfectamente lícito suponer un sistema capitalista en el cual las composiciones orgánicas del capital son iguales en todas partes y, por lo tanto, la ley del valor sigue vigente, y examinar el funcionamiento de tal sistema. No es posible decir a priori si este procedimiento es válido o no, hay que ponerlo a prueba abandonando la suposición de las composiciones orgánicas iguales e investigando la medida en que deban notificarse los resultados obtenidos. Si se demuestra que las modificaciones son de poca importancia, el análisis basado en la ley del valor quedará justificado; si, por el contrario resultan ser bastante grandes para alterar el carácter esencial de los resultados, entonces ciertamente, tendremos que abandonar la ley del valor y buscar un nuevo punto de partida.
El hecho de que la ley del valor no sea válida en el orden económico capitalista depende, según Marx, de un factor o serie de factores que no constituye sino más bien oculta la esencia del capitalismo. Suponiendo que la composición orgánica del capital fuese la misma en todas las esferas de la producción, la ley del valor controlaría directamente le cambio de mercancías sin detener la explotación de los obreros por los capitalistas y sin reemplazar el deseo de ganancia de los capitalistas por ningún otro motivo en la determinación del volumen, la dirección y la técnica de la producción. Aquí tenemos en pocas palabras la razón para suponer iguales las composiciones orgánicas del capital. Esta suposición, sin embargo, no debe confundirse con las suposiciones de iguales tasas de la plusvalía e iguales tasas de la ganancia. Estas últimas tienen su justificación en tendencias reales existentes en una economía capitalista de competencia; la primera envuelve una abstracción deliberada de condiciones que indudablemente existen en el mundo real. Su plena justificación sólo podría demostrarse, por lo tanto, en una etapa ulterior, cuando examinemos las consecuencias de abandonarla.

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